26 de octubre de 2013

LA DIETA CETOGENICA.


LOS ESQUIMALES y LA DIETA CETOGENICA.

Un esquimal, habitante la zona ártica de América y parte de Siberia, que vive a temperaturas inclementes de  30° bajo cero, donde no hay  sitio para plantar vegetales (verduras), alimentándose desde hace miles de años de carne de   morsas, de alces, pato, mucho pescado, cangrejos, piel de ballenas con su grasa y aceite de focas, está más sano que cualquiera de nosotros.
El esquimal no desayuna ni se alimenta con cereales, ni con pan, ni con patatas.
Su alimentación es exclusivamente de grasas y proteínas.
Con esta alimentación y de acuerdo al criterio nutricionista predominante entre nosotros, los esquimales deberían morir de arteriosclerosis a los 40 años y el hígado se les debía reventar por el exceso de proteínas.
Pero no es así. Los esquimales auténticos  disfrutan de vidas largas sin obesidad, ni diabetes, ni enfermedades cardíacas, ni caries, ni cáncer.
Decimos esquimales auténticos, porque algunos han sido permeados por la vida occidental y han comenzado a comprar en supermercados, adoptando la dieta occidental. Estos últimos se engordan, han terminado sufriendo de cáncer y diabetes. Es más, algunos como los esquimales de la cultura Dorset se extinguieron totalmente al contraer enfermedades por el contacto con los occidentales.
En resumen, podemos poner a los  esquimales como  todo un ejemplo de supervivencia y de lo que es la alimentación ancestral.
Es sabido que durante largos periodos de su existencia, el hombre subsistió con muy buena salud consumiendo casi únicamente la carne y la grasa de los animales que cazaba. Prácticamente no consumía ningún alimento vegetal.
La grasa es necesaria. Protege los órganos, nos da protección ante el frio y acumula dentro de sí un gran potencial de energía que el cuerpo utilizará como fuente energética para sobrevivir.
La  dieta basada en las grasas, es la dieta natural.
Los osos, por ejemplo,  hibernan por largos meses y durante todo ese tiempo sus cuerpos van consumiendo la grasa almacenada. Por eso, el oso empieza su sueño de hibernación estando básicamente obeso y despierta de su sueño como un oso delgado. 


COMO SE FORMA EL TEJIDO GRASOSO EN EL CUERPO.

La insulina y la obesidad.

El siguiente gráfico ilustra la forma en que se crea la grasa  o tejido adiposo  en el cuerpo.



La grasa del tejido adiposo (los gordos, los michelines) se forma en el cuerpo a partir de la glucosa con intervención de la insulina producida por el páncreas.
Esta es la razón por la cual una dieta alta en carbohidratos refinados produce sobrepeso u obesidad ya que ningún grupo de alimentos produce más cantidad de  glucosa rápidamente que los carbohidratos refinados. La mayor cantidad de glucosa obliga al cuerpo a producir una mayor cantidad de insulina, es decir, se le exige al páncreas un mayor esfuerzo.
La glucosa se necesita para que las células produzcan energía. Si las células del cuerpo utilizan la glucosa que necesitan y queda un exceso sobrante de ésta, el cuerpo crea grasa o tejido adiposo para almacenar el exceso de glucosa.
El consumo de grasa en los alimentos  también produce glucosa pero lo hace en cantidades pequeñas, lo cual no provoca una producción muy alta de insulina. Es la insulina la que permite que engordemos.
He aquí la causa del sobrepeso y la obesidad: exceso de glucosa en la sangre y exceso de insulina.
Por muchos años se nos ha vendido la idea de que es la grasa en los alimentos  la que ocasiona sobrepeso u obesidad al punto que hoy en día consumimos menos grasas que antes.
¿Y por qué, si ahora consumimos menos grasas que antes, las estadísticas reflejan que nuestros cuerpos están más llenos de grasa?
Es verdad que la grasa nos puede engordar. Pero, para que ello sea posible debe estar la hormona insulina presente. Sin la hormona insulina presente en la escena la grasa no nos puede engordar.
La mejor prueba de que la grasa no es la causante de la obesidad, la encontramos en los esquimales ya mencionados anteriormente.
Debido a la forma en que funciona el cuerpo humano la grasa que contienen los alimentos que ingerimos  no se acumula en  nuestro cuerpo, a menos que exista mucha insulina presente.
¿Y cuando existe mucha insulina en el cuerpo?
Cuando consumimos carbohidratos refinados.
La insulina solamente se produce en grandes cantidades cuando ingerimos carbohidratos refinados. Sin la ayuda de la insulina las grasas que consumimos no se pueden acumular en nuestro cuerpo.
Es por esto que una carne de cerdo bien grasosa solamente nos podría engordar si la combinamos con alguno de los carbohidratos que fuerzan al cuerpo a producir insulina. La carne de cerdo con grasa, de por sí sola, no nos puede engordar.
Las grasas que consumimos no son las causantes del sobrepeso y la obesidad. Este problema se origina cuando se hace combinación de grasas y carbohidratos refinados. Si almorzamos o cenamos una porción de pizza (grasa con pan) de seguro que acumularemos grasa en el cuerpo.
Se pueden consumir grasas sin que ello signifique que vamos a engordar. Lo que no es inteligente es combinar grasa con carbohidratos refinados.
Se puede disfrutar una chuleta de cerdo frita con una buena ensalada. Pero, cuidado con esa carne frita si la combinas con un plato de arroz.
Una dieta baja en grasas es totalmente antinatural, y no es lo que tu cuerpo espera para estar saludable.


metabolismo-de-las-grasas.
Cuando le suministramos grasa a nuestro cuerpo, ésta genera en el hígado y en menor medida en los riñones los conocidos cuerpos cetónicos que tienen la propiedad de servir como combustible en el cerebro y la de proporcionar al organismo una energía alternativa a la producida por la glucosa.
Cuando no hay glucosa, las grasas solventan la falta de energía, no solo en el cerebro sino en todo el organismo.
Toda alimentación o dieta que limite el consumo de carbohidratos hasta niveles muy bajos y aumente el de las grasas, manteniendo niveles adecuados de proteínas, se ha denominado  «dieta cetogénica» ya que precisamente lo que se consigue con ello es que el cuerpo deje de emplear glucosa como principal fuente de energía y produzca los «cuerpos cetónicos» con la metabolización de las grasas. Con ello se reemplaza la energía que no se produce por el bajo consumo de glucosa.
Es sabido, que cuando aguantamos hambre o ayunamos, el cuerpo usa sus reservas de grasa para sobrevivir. Es cuando metaboliza las grasas para convertirlas en cuerpos cetónicos que utiliza como combustible. El estado del hambre es un estado metabólico llamado «cetosis».
Con la dieta metabólica (bajos carbohidratos y aumento de grasas) imitamos los efectos bioquímicos del ayuno pero sin necesidad de pasar hambre.


LA DIETA CETOGENICA y EL CANCER.

Con la dieta cetogénica  conseguimos llevar al organismo a unos muy bajos niveles de glucosa y a una producción de cuerpos cetónicos.
Las células tumorales, que necesitan grandes cantidades de glucosa para vivir, no pueden funcionar al verse limitadas en su alimento esencial y preferido. Tampoco pueden funcionar con cuerpos cetónicos ni ácidos grasos, que son tóxicos para ellas.
En otras palabras, la dieta cetogénica priva de su alimento a las células tumorales con lo cual se ven imposibilitadas para crecer.
Nuestras células pueden usar las cetonas como combustible alterno cuando no hay glucosa disponible.
Disminuir los niveles de glucosa en la sangre por medio de la restricción de carbohidratos y proteínas literalmente mata de hambre a las células de cáncer..
Si aceptamos que todas las enfermedades degenerativas  crónicas están relacionadas, tendremos en  la dieta cetogénica una  manera ideal de tratar la mayoría de ellas:


ALZHEIMER :¿ Diabetes cerebral?

Todas las células, incluidas las del cerebro, necesitan para su funcionamiento, de la glucosa obtenida de los alimentos.
Pero, sabemos que la glucosa para llegar a las células a producir energía precisa de la insulina que la transporte por el torrente sanguíneo. La insulina funciona como una llave para «abrir la puerta» de las células que le permita la entrega de ese combustible en cada una de ellas.
Esa «puerta» son los receptores celulares de la insulina que deben estar en buen estado para que la llave encaje.
En el Alzheimer, los receptores de las células cerebrales, las puertas de entrada de la glucosa, fallan y no responden a la insulina, por lo que las neuronas dejan de recibir alimento y empiezan a morir. Ese es el Alzheimer, como una especie de diabetes cerebral.
Esto puede comenzar a ocurrir entre 10 y 20 años antes de que sintamos  los primeros síntomas de la enfermedad, por lo que nuestras células cerebrales podrían estar muriendo por falta de alimento sin que seamos conscientes de ello.
Pero las células cerebrales (neuronas), como también lo pueden hacer las demás células del cuerpo, pueden usar las cetonas como un combustible alternativo a la glucosa. Las cetonas no necesitan de insulina y pasan directamente a suministrar energía a las células.
En este orden de ideas, todas aquellas enfermedades neurodegenerativas que impliquen disminución de la capacidad neuronal para asimilar la glucosa, pueden ser tratadas con la dieta cetogénica: el parkinson, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), esclerosis múltiple, autismo, epilepsia resistente a medicamentos, síndrome de Down y cualquier daño cerebral traumático.
La dieta cetogénica hoy en día es reconocida como un componente importante para el control de convulsiones en niños.(epilepsia)
Todas estas enfermedades presentan un defecto similar en la absorción celular de la glucosa, pero en distintas zonas del cerebro o de la medula espinal.
La enfermedad con la cual más asociamos la resistencia celular a la insulina o en la que hay incapacidad de transporte de glucosa, es la diabetes. En esta enfermedad las cetonas pueden convertirse en una fuente de energía alternativa para las células.
Si estas células con dificultad para tener acceso a la glucosa, recibieran cetonas, posiblemente se mantendrían vivas y funcionando de manera normal.


EL ACEITE DE COCO. 

La manera más sencilla de producir cetonas en el cuerpo es mediante el consumo de los aceites conocidos como triglicéridos de cadena media (TCM). 
Estas grasas se encuentran principalmente en el aceite de coco.
El cuerpo digiere estos aceites en forma diferente a como digiere las grasas ya que en lugar de almacenar grasa, el hígado los convierte directamente en cetonas, que quedan así disponibles para ser usadas como energía.
En este sentido, son procesados de manera muy similar a los carbohidratos.
Al administrarlo al cuerpo, se producen cetonas en circulación, que quedan a disposición del cerebro o de  cualquier órgano para obtener energía cuando no hay glucosa y aun en presencia de glucosa.
Las cetonas en circulación producen un aumento sustancial (39%) del flujo sanguíneo en el cerebro con lo cual se puede reducir la disfunción cognitiva asociada a la hipoglicemia.
En resumidas, el objetivo, si queremos redimir las enfermedades que hemos mencionado, es disminuir al mínimo los niveles de glucosa en la sangre y aumentar la de los cuerpos cetónicos.
En el cuerpo, los hematíes (glóbulos rojos), los testículos, la médula renal, las células de la córnea y el cristalino dependen completamente de la fermentación de la  glucosa.
El 25% de cerebro (cerebelo, la medula espinal y el bulbo raquídeo) depende igualmente de la glucosa.
De acuerdo a lo anteriormente dicho, es fácil comprender el por qué hemos hablado de reducir al mínimo los niveles de glucosa.
El  nivel normal de la glucosa en sangre antes de la comida (preprandial) es  de 90-130 mg/dl (miligramos por decilitro).
El nivel de glucosa en sangre después de comida (postprandial) es de menos de 180 mg/dl (miligramos por decilitro).
Con una dieta cetogénica bien llevada podemos bajar los niveles sanguíneos de azúcar hasta los 62-73 mg/dl sin que el cuerpo se resienta por hipoglucemia pero si los niveles de cuerpos cetónicos están los suficientemente elevados como para servir de fuente de energía alternativa al cerebro.
Repetimos nuevamente que, las cetonas sustituyen en gran parte a la glucosa y evitan que esos niveles tan bajos puedan ser perjudiciales.
Además, el propio organismo tiene mecanismos para regular los niveles de azúcar en la sangre para asegurar la glucosa necesaria para el correcto funcionamiento de todos los órganos. Esto lo hace aunque la ingesta de hidratos de carbono sea mínima, como sucede en la dieta cetogénica.
Veamos que sucede durante la dieta cetogénica:
Al principio, el cerebro «se resiste» a dejar de depender de la glucosa y los cuerpos cetónicos no llegan en cantidades suficientes como para servir de base metabólica.
En esta etapa inicial, el cuerpo echa mano del glucógeno almacenado en el hígado y en los músculos.



Esta es la razón por la cual durante esta etapa inicial se caracteriza por una rápida pérdida de cierta cantidad de masa muscular ya que el organismo para reponer la glucosa que le falta, degrada la proteína muscular para transformarla en glucosa (en el hígado) mediante el proceso conocido como gluco-neo- génesis (nueva generación de glucosa).
Para que el cuerpo no consuma su propia proteína muscular, el paciente en esta etapa inicial debe incrementar temporalmente la ingesta de proteínas hasta que se alcance la siguiente etapa.
Pasadas unas 3 semanas el cuerpo ya funciona casi totalmente gracias a los ácidos grasos y el cerebro utiliza los cuerpos cetónicos como combustible.
Nos han difundido la idea de que un alto nivel de cetonas es peligroso. Estos es debido a que se confunde la cetosis con cetoacidosis.
En la cetoacidosis diabética, es cierto que las cetonas sobrepasan ciertos niveles mientras que los niveles de glucosa se disparan.
En la cetosis fisiológica, producida por la dieta cetogénica, se incrementan los niveles de cetonas pero los niveles de azúcar alcanzan apenas  unos 73-62 mg/dl (3- 2.8 mmol).

IMPORTANTE: ESTA INFORMACIÓN NO ES, NI SUSTITUYE EN NINGÚN CASO LA CONSULTA, TRATAMIENTO O DIAGNÓSTICO DEL PROFESIONAL DE LA SALUD COMPETENTE.

Por: +Joaquín Teheran Lora (Jotelo)



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