22 de septiembre de 2011

CÓMO DEBE SER UNA DIETA SANA...



Base para una dieta sana y curativa, que expongo a continuación basada en la experiencia del Dr. Jean Seignalet recogida en su libro «La alimentación, la tercera medicina»
Es  una manera de seguir insistiendo en la necesidad de resaltar la importancia que tiene el que « nuestro alimento sea nuestra medicina y nuestra medicina sea nuestro alimento.»
Estructuralmente, nuestro sistema digestivo no ha sufrido ninguna modificación, se mantiene inalterado desde los principios de la humanidad.

En cambio los alimentos que ese sistema digestivo tiene que procesar en los tiempos modernos sí han sufrido modificaciones o alteraciones en comparación con los alimentos de nuestros ancestros.
Es sabido por nosotros cómo los alimentos que consumimos hoy en su gran mayoría han sido sometidos a alteraciones genéticas y sometidos por la cocción a altas temperaturas, que también producen modificaciones en la estructura de las proteínas haciéndolas indigeribles y dando origen a un desequilibrio de la flora intestinal.
El organismo de nuestros ancestros, alimentado por sustancias biocompatibles  tenía una flora intestinal de fermentación.
Pero con el paso a este tipo de alimentación moderno hemos pasado a una flora intestinal de putrefacción (no fisiológica).
Esta alteración  de la flora y del contenido intestinal genera tres (3) clases de enfermedades:

♦ Patologías por eliminación,que son trastornos orgánicos generados cuando el organismo intenta expulsar a través de un emuntorio (cualquier órgano o conducto orgánico que excreta sustancias nocivas) los desechos nocivos que han llegado a la circulación general.
Cuando el organismo utiliza la piel como emuntorio se producen el acné, psoriasis, eccemas, queratodermia etc.
Cuando es a nivel del colon da origen a la colitis, enfermedad de Crohn, colopatía funcional,...
Cuando es a nivel de los bronquios da origen a la bronquitis aguda, el asma, etc.
♦ Enfermedades de acumulación, que se producen por la acumulación de estas toxinas en determinados órganos.
♦ Enfermedades autoinmunesoriginadas por la exagerada estimulación del sistema inmune por proteínas extrañas que provocan una respuesta inmunitaria de los linfocitos T contra las células en las que se depositan esos péptidos.

En consecuencia, un buen programa alimenticio o dieta en su parte fundamental debe consistir en ingerir alimentos que sean totalmente bio compatibles, es decir que no estén modificados y que respete los siguientes principios básicos:

♦  Exclusión de los cereales, con algunas excepciones.
La agricultura moderna en su proceso de «selección»  ha sometido a mutación los cereales que terminan en nuestra mesa. Hoy, eso se sabe ya, el trigo actualmente tiene entre 21 y 23 cromosomas cuando el trigo natural tenía apenas 7 cromosomas.
Lógicamente que esta modificación afecta toda la estructura de sus proteínas, que ingeridas en ese estado de alteración pueden actuar como toxinas al no ser digeridas por completo.
Por lo tanto hay que excluir de nuestra alimentación todo lo que contenga trigo (pan, repostería, pasta italiana)
Debemos suprimir el maíz, la cebada, el centeno, la avena, el mijo.  Todos son cereales mutados y que deben ser excluidos de nuestros alimentos.
¿Que podemos decir del arroz que en buena proporción constituye la dieta básica de muchos pueblos?
El arroz no ha sido mutado y permanece en forma primitiva. No representa ningún riesgo para la salud en este aspecto.
♦  Exclusión de la leche animal y sus derivados.
El hombre es el único mamífero que sigue consumiendo leche después de ser destetado por la madre. Y peor aun, leche de otros mamíferos (vaca, cabra) portadoras de una vibración diferente a la humana.
La leche de vaca es nutritiva pero para un ternero en época de crecimiento. Los humanos estamos «diseñados» solo para digerir tan solo la leche de nuestra especie y eso, en época de lactancia.
Debemos, en consecuencia, excluir todo consumo de leche y sus derivados (mantequilla, queso, nata) sin abrigar el temor de que esta supresión provocará carencia de calcio.
Como sustitutos de la leche podemos consumir la leche de soja, de almendras, de arroz, de ajonjolí (sésamo)
♦  Consumo preferente de productos crudos (más del 70% de la dieta debería ser cruda).
No debemos pasar por alto que cuando sometemos a los alimentos a temperaturas superiores a 200 °C se producen muchos mutágenos, radicales libres, las moléculas de Maillard que se convierten en toxinas una vez entran en nuestro organismo. Se forma el 4-MEI ( O 4 Metilimidazol).
Las moléculas de Maillard ( o reacción de Maillard) se forman al dorar o asar un alimento . Se trata de básicamente de una especie de caramelización de los alimentos, es la misma reacción la que colorea de marrón la costra de la carne mientras se cocina al horno. Estas moléculas pueden ser cancerígenas.
♦ Consumo frecuente de probióticos para regular la flora.
Antes de las comidas debemos tomar alguna capsula que contenga flora beneficiosa para los intestinos como lactobacillus, acidophilus, bifidobacterium lactis.
Estas cápsulas podemos conseguirla farmacias o tiendas dietéticas.

♦ Uso de aceites vírgenes, obtenidos por primera presión en frío. De preferencia el aceite de oliva.
♦ Darle prioridad a los productos biológicos.









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