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28 de agosto de 2014

LOS VIRUS Y LAS VACUNAS, RECORDANDO EL AH1N1

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Mucho se habló del rápido crecimiento en el número de casos y muertes ocasionados por la expansión del virus AH1N1 en el 2009, causante de una de las últimas grandes epidemias de nuestra era. Sin embargo, uno de los grandes problemas que enfrenta nuestra sociedad es la falta de información entendible acerca de los hechos científicos y sociales asociados al virus. Vacunarse o no es una pregunta que muchos se hacen, pero tenemos suficiente conocimiento para tomar una decisión consciente?. Comprender los conceptos y el papel de las vacunas es esencial para tomar esta decisión.
Los virus, como muchos otros temas estudiados por la ciencia causan un miedo profundo, no exclusivamente por ser agentes que nos pueden causar daño sino también porque algunos términos científicos de los que poco conocemos son causa de cuestionamiento, al fin y al cabo la mayoría de las personas tememos a lo desconocido.
El virus

Para entender a que nos enfrentamos empecemos desde lo más básico. Un virus es una entidad infecciosa muy pequeña que se reproduce usando una célula hospedera. De esta forma, al no tener un metabolismo celular, o no ser en si mismo una célula, existen dudas acerca de su clasificación como ser vivo.
Los virus tienen una estructura básica compuesta de una cápside y un ácido nucleico (ADN o ARN). La cápside es una especie de coraza protectora compuesta por proteínas, mientras el acido nucleico guarda la información de la identidad del virus y de sus componentes (Figura 1). Asociados a estos dos componentes básicos existen otras proteínas asociadas a la cápside, y otras que solo son sintetizadas dentro de la célula hospedera.



Nomenclatura
El virus AH1N1 fue designado de esa manera por ser del género Influenzavirus A, de manera similar a como el género de la especie humana es Homo. El H1N1 es la designación dada por las proteínas de la superficie del virus: Hemaglutinina (H) y Neuroaminidasa (N) (Figura 1). Estas dos proteínas ayudan al virus a infectar y salir de la célula. El numero 1 que sigue a las dos letras (H y N) se refiere a las variantes de las proteínas, ya que pequeñas diferencias en sus estructuras han sido observadas en distintos virus; de esta manera hay otros virus con las variantes H1N2 o H3N2.

La pandemia del AH1N1

Los virus AH1N1 no son nuevos. Otro virus AH1N1 causo la pandemia (epidemia de gran escala) de 1918 matando entre 50 y 100 millones de personas. Hallazgos recientes muestran  que el virus de 1918 probablemente paso de los humanos a los cerdos, los cuales presentaban resistencia al virus, y podían así mismo ser infectados con influenzas aviares (Weingartl et al., 2009). Es por esto que es posible encontrar variantes combinadas de virus humanos, de cerdo y aviares en un solo organismo, como ha sido ya demostrado (Ding et al., 2009). Sin embargo el hecho de que los cerdos en 1918 fueran infectados con el AH1N1 de los humanos, no quiere decir que lo hayan cargado hasta ahora, ni que el virus actual sea idéntico al de ese entonces, pues los virus evolucionan (cambian) bastante rápido, pero si se demuestra que estas quimeras son posibles. Es de hecho una de estas quimeras víricas la que se presentó en 2009. Investigaciones con un virus AH1N1 reconstruido de muestras de la epidemia de 1918 muestran como ciertas proteínas causaban su alta infectividad y mortandad (Kaiser, 2005), pero es evidente que el AH1N1 actual no muestra el mismo cuadro epidemiológico o de mortandad, y por tanto debe haber variaciones en él.
Es cierto que cuando se habla de virus y pandemia en la misma frase las voces de alarma se oyen más fuerte. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud en Marzo de 2010 la pandemia causada por el AH1N1 estaba expandida por más de 212 países con más de 16000 muertes confirmadas (http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/78414/1/9789241503051_eng.pdf). Si esta última cifra se compara con otras pandemias registradas (Schnitzler & Schnitzler, 2009), la tasa de mortandad parece ser menor, sin embargo el impacto aún fue fuerte como lo demuestran las cifras Adicionalmente es importante mencionar que en ocasiones estas epidemias suelen atacar a distintos grupos demográficos. Mientras la mayoría de las influenzas (incluyendo la que causó esta pandemia) atacan preferencialmente a grupos de riesgo como infantes, personas de la tercera edad o personas con sistemas inmunes vulnerables, la pandemia de 1918 fue especial en atacar adultos jóvenes (Schnitzler & Schnitzler, 2009).

La vacuna

A pesar de que la pandemia de AH1N1 no fue tan mortífera como la de 1918, las autoridades de salud buscaron sintetizar rápidamente una vacuna para evitar el aumento de la enfermedad y su mortandad consecuente. Esta vacuna (en su versión de inyección) contiene un virus muerto que causa la respuesta inmune de quien la adquiere, razón por la cual al ponerse la vacuna muchas personas sienten algunos síntomas de enfermedad. Al estar el virus muerto, no hay un ataque real a las células del cuerpo, pero las células de defensa si reconocen una estructura extraña y generan proteínas que se unen específicamente al virus para su posterior neutralización y exterminio. Ya que el sistema inmune tiene “memoria”, en un posterior ataque del virus real, el cuerpo esta preparado con anterioridad para acabar con el virus. Es algo así como cuando en una guerra alguien da un ataque sorpresa, si el que se defiende no tiene ni idea que lo van a atacar, recibe golpes muy fuertes, se debilita y puede perder la batalla a menos de que sus defensas sean muy buenas. Pero si quien se defendió logra sobrevivir, ya sabe que necesita para evitar un nuevo ataque significativo.
Cuando la vacuna para el AH1N1 estuvo disponible, el Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC por su sigla en inglés) la recomendó inicialmente para grupos de alto riesgo incluyendo mujeres en embarazo, personas que cuidaban  a niños menores de 6 meses, personal de salud publica, personas entre 6 meses y 24 años (en especial aquellos con alto riesgo de contraer influenza como los niños menores de 5 años), y personas entre 25 y 64 años que tuvieran condiciones médicas que los podían poner en situación de riesgo, como sistemas inmunes débiles (http://www.cdc.gov/h1n1flu/vaccination/vaccine_keyfacts.htm).
A pesar de que en general las vacunas parecen en su gran mayoría funcionar bien, la vacuna para la pandemia de AH1N1 generó posiciones opuestas debido a que las pruebas clínicas en humanos fueron limitadas (en general las vacunas son aprobadas luego de largas pruebas antes de ser aplicadas a toda la comunidad),  y a los posibles efectos secundarios (http://www.cbc.ca/health/story/2009/10/28/f-swine-flu-vaccine-ingredients-approval.html); sin embargo una de las principales razones para la aprobación atípica de esta vacuna fue el patrón epidemiológico visto en los primeros meses de la enfermedad que hacían preveer una gran mortandad si no se tomaban medidas rápidamente. Uno de los efectos secundarios que más causaba miedo dentro de la sociedad era la posibilidad de adquirir el Síndrome de Guillain-Barré (GBS por su sigla en inglés). En esta rara enfermedad el cuerpo daña su propio sistema nervioso, lo cual puede derivar en parálisis. Aunque no esta claro como algunas personas desarrollan el síndrome, ni si existe una conexión directa entre la vacuna y la enfermedad, algunas pruebas demuestran que la sobre-estimulación del sistema inmune causada por la vacunación en general puede derivar en la enfermedad (http://www.cdc.gov/h1n1flu/vaccination/vaccine_safety_qa.htm). De esta forma aunque la vacuna podría causar este síndrome, igualmente lo puede ocasionar la misma enfermedad u otras infecciones como lo reporta el CDS (http://www.cdc.gov/h1n1flu/vaccination/vaccine_safety_qa.htm). La misma institución reporta que ha habido estudios en contra y a favor de la asociación entre la vacunación y la incidencia del síndrome. En 1976 se reporto un pequeño riesgo de adquirir el síndrome luego de la vacunación contra la gripa porcina (1 caso adicional por cada 100.000 personas vacunadas); y el reporte de GlaxoSmithKline muestra que el síndrome puede aparecer en una proporción menor a 1 en 10.000 casos con la vacuna de AH1N1 (http://www.gsk.ca/english/docs-pdf/Arepanrix_PIL_CAPA01v01.pdf).
El Sistema de Reporte de Eventos Adverso (VAERS por su sigla en inglés) reportó el 13 de noviembre de 2009, que en los Estados Unidos 36.8 millones de dosis de la vacuna habían sido aprovisionadas a proveedores de salud, y se habían recibido 2365 reportes relacionados con la vacunación. El 95% de estos reportes no tenían relación con efectos adversos graves o que pudieran poner en peligro la vida. Se reportaron 8 muertes, sobre las cuales resultados preliminares no encontraron patrones comunes de asociación con la vacuna, pero aun dichos casos estuvieron bajo revisión   (http://vaers.hhs.gov/resources/2009H1N1Summary_Nov19.pdf).

Entonces… vacunarse o no?

De acuerdo con el CDC y la entidad Administrativa de Alimentos y Drogas (FDA por su sigla en inglés), los beneficios de vacunarse exceden por muchos los riesgos. Sin embargo es conveniente revisar todas las fuentes referenciadas en este artículo para tener una visión más amplia y objetiva de los posibles beneficios y riesgos. Finalmente la decisión de vacunarse es una decisión individual, pero debe estar basada en un conocimiento previo de fuentes objetivas.
Por biogenicolombia 




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