29 de abril de 2015

QUÉ NOS MATA.

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EL HIGADO ES EL ÓRGANO DEL CUERPO QUE ACTÚA COMO DEPREDADOR y PROTECTOR DE LA ESPECIE HUMANA.


Siempre me he preguntado, porqué hay personas que en avanzado estado de edad gozan de perfecta salud, mientras que, por el contrario, existen muchas con menos edad que viven una existencia llena de sufrimientos físicos, con padecimientos crónicos que las sumen en un estado de baja calidad de vida. Algunas reducidas a una silla de ruedas por los insoportables dolores articulares; otras esclavizadas por el resto de sus días, hasta el infarto final, condenadas a consumir drogas para regular la presión arterial; muchas sumergidas en la oscuridad del Alzheimer que les impide recordar hasta su propio nombre; y porqué no mencionar a todas esas personas sometidas a las torturas criminales de las terapias químicas para combatir el cáncer, que al final termina cumpliendo rigurosamente la sentencia de muerte, que en alguna parte u órgano del cuerpo fue "decretada" mucho tiempo antes de que apareciera lo que comúnmente se conoce como enfermedad.


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En todas estas personas hubo un momento de su vida - antes de que sintieran los primeros síntomas de sus enfermedades - en el cual  su eficiencia funcional comenzó a decrecer más allá de los mínimos exigidos por la "especie humana".
Es en este momento cuando entra en juego una ley natural inviolable, implacable y rigurosa con la que la evolución protege a las especies vivientes, haciendo que los miembros débiles  de una especie sean condenados a morir, aún por la más mínima deficiencia fisiológica que presenten en su desempeño vital.
Así ha sido en la naturaleza, y seguirá siendo: ningún animal muere en estado de vejez, porque cuando su eficiencia funcional lo hace débil y lo convierte en un "estorbo" para su especie, está condenado a morir en las garras de sus depredadores específicos. Los miembros fuertes y saludables de esa especie sobreviven con el fin de afrontar las vicisitudes de la supervivencia.
Es una ley de garra, colmillo y sangre; es la ley de la vida y la muerte o de la evolución, que se debe cumplir so pena de que se produzca un daño mayor y de la cual no ha estado exenta la "especie humana". Aunque sea difícil aceptarlo, la "especie humana" ha tenido y sigue teniendo su depredador específico. 
Por un larguísimo período de tiempo, nuestra especie y sus congéneres  deambularon en los parajes selváticos en condiciones  completamente naturales...
Nuestros enemigos comunes eran los felinos (el tigre, la pantera, el leopardo, el jaguar, el león,).  Ellos se encargaban de depurar a nuestra especie. 
Por ello nuestros primitivos semejantes presentaban  una característica común: todos eran esbeltos, fuertes, activos y dinámicos, sin ninguna huella de estigmas somáticos, tanto los niños como los adultos. Toda esta curiosa característica de salud y belleza se le debía a la presencia de los depredadores naturales porque ellos se encargaban de eliminar los miembros más débiles del grupo.
Pero hoy, no tenemos cerca a estos depredadores. Nos hemos liberado de estos fantasmas aterradores, que eran parte de nuestra convivencia rutinaria, gracias a los cuales, hoy gozamos de la presencia de nuestra especie en este planeta.
No tenemos -  en lo que respecta a los seres humanos y animales domésticos - el enemigo natural, ya que la civilización nos ha  situado en un nuevo nicho ecológico  donde nuestra vida se desarrolla ajena a los avatares naturales que se cumplían, ya sea en los pastizales o en los bosques lejanos de la civilización.
Pese a ello, vivimos agobiados por taras que diezman nuestra salud; la enfermedad es el malestar común  de la inmensa mayoría los habitantes del planeta; gastamos ingentes cantidades de dinero en conservar la salud; los medicamentos son los agentes cotidianos de nuestra vida; vivimos en un mundo superpoblado, en el que un considerable porcentaje de la población a temprana edad ya está en un estado deplorable de salud con poquísimas probabilidades de que sobrevivan al mismo. 

¿Esto es  lo que había previsto la evolución? 

Claro que no. La expectativa de vida se encuentra grabada en nuestros genes. La ciencia dice que deberíamos vivir unos  120 años los hombres, y unos 125 las mujeres. Pero como hemos dicho, esto es una edad inalcanzable; solo rarísimas  personas llegan a esta extraordinaria edad.
En épocas primitivas, nuestros congéneres probablemente vivían entre 30 o 35 años, que es el límite de nuestro pináculo de eficiencia orgánica. Después de las edades indicadas nos convertíamos en peso muerto para nuestra especie y teníamos que ser eliminados por el depredador común, para beneficio de la especie.
En los tiempos modernos, las cosas han cambiado, ya no tenemos deambulando al depredador, por lo tanto, deberíamos vivir hasta los 120 años, pero esto no es así.
Sabemos, que la mayoría de las personas mueren alrededor de la mitad de la expectativa de vida, porque ,como dijimos, desde temprana edad la eficiencia funcional del organismo de esas personas comienza a decrecer para  enfermarse y por último morir.

LO QUE NOS ENFERMA: La desnutrición.

Como sabemos, los malos hábitos y desordenes alimenticios en medio de los cuales está viviendo el hombre contemporáneo da origen, en primer lugar, al desequilibrio de la balanza del pH interno que se encamina hacia la acidez.
Esta acidez obliga al cuerpo a luchar para contrarrestarla a como dé lugar haciendo uso de las reservas de sales o minerales con lo cual se produce de manera directa una carencia de estos minerales y nutrientes básicos para el organismo. En pocas palabras, se produce una desnutrición.
El hambre o mala nutrición que toda la humanidad padece en estos tiempos, también se origina por el simple hecho de cocinar la comida  y por las múltiples manipulaciones a que son sometidos los alimentos. La comida diaria proporciona muy poco aporte  de nutrientes. En una persona que ha pasado los 30 o 35 años, esta realidad tiene  un efecto devastador sobre sus funciones vitales. 
Cuando aparece la desnutrición es cuando queda decretada su muerte o extinción de la especie.
Esta desnutrición, con el paso del tiempo, se va traduciendo en una serie de enfermedades degenerativas, que sumen al enfermo en una condición tal, que ya no es digno de seguir perteneciendo a la especie humana. 
Las células del cuerpo, y en especial las de un órgano que más adelante identificaremos como el "villano", "entienden " que nos estamos muriendo de hambre, que estamos viejos (sin estarlo) y desvalidos y que somos material que tiene que ser eliminado para beneficio de la especie.
Es así - alimentándonos mal -  como hemos preparado el escenario para la eliminación  de nuestro organismo (pero ahora sin el temible felino).
Como respuesta a esta circunstancia, el Hipotálamo  detecta una señal de alarma y en asocio con el páncreas segrega la hormona SOMATOSTATINA, para obligarnos a entrar en reposo (para bien), pues esta hormona frena la acción de cinco hormonas metabólicas (insulina, glucagón, hormona de crecimiento, tiroxina y las hormonas de las suprarrenales).
La SOMATOSTATINA, ejerce su acción de reposo a través principalmente del HIGADO, que al recibir la influencia de la SOMATOSTATINA , la disminución de la actividad de las hormonas metabolizantes y de las suprarrenales y ante la circustancia de una alimentación empobrecida en nutrientes hace un cambio en su comportamiento químico, especialmente en lo relacionado con el metabolismo de las hormonas de la tiroides y con relación a la producción de la coenzima Q10 (CoQ10). Este cambio es de enorme trascendencia para el organismo.

LA CLAVE DEL PROBLEMA.

La glándula tiroides  produce dos tipos de hormonas: la T4 y la T3, que constan de 4 y 3 átomos de yodo respectivamente. 
La hormona  T4, que  es de poco poder hormonal la produce la tiroides en mayor cantidad que la T3, que es la  verdaderamente funcional para el organismo. En otras palabras "es la que sirve". Esta producción tiene una proporción de 5:1.
Aquí se encuentra precisamente la clave del problema, porque el organismo requiere una mayor cantidad  de T3   que la que produce la tiroides y con más poder hormonal para adaptarse a las exigencias o demandas de un mayor rendimiento energético.
Las  cantidades de T3 (triyodotironina) que produce la tiroides no son suficientes para que el organismo responda a las demandas de un mayor rendimiento energético. En otras palabras, la T3 producida por la tiroides es insuficiente (y esto es grave).
Afortunadamente esta insuficiencia de Triyodotironina (T3) la resuelve el hígado que toma las T4 de poca funcionalidad, les quita un átomo de yodo y las convierte en T3 (con 3 átomos de yodo) en las cantidades que el organismo necesita. 
Si el hígado no hace esta conversión, nuestros tejidos entrarían en un estado de hipotiroidismo químico (no glandular), y nuestras funciones fisiológicas sufrirían un metabolismo destructor (catabolismo). Es por ello por lo que nuestro hígado sale al paso convirtiendo la T4 en hormona T3.
Pero las cosas no salen siempre de esta manera : cuando nuestro hígado detecta que la cantidad de nutrientes que necesitamos asimilar se han reducido notablemente decide que " no debemos seguir viviendo más" y, en colaboración con la somatostatina, renuncia a producir T3. A partir de ese momento lo que produce es una T3 inversa (T3R), la cual ya no funciona, por lo que la persona pasa a la condición de un hipotiroidismo químico, conocido como Síndrome  de Enfermedad Eutiroidea (SEE), que quiere decir Síndrome de enfermedad de tiroides pero con tiroides sana...
La glándula tiroides no participa del problema, ella se encuentra sana y es ajena al problema que se encuentra gestándose en el tejido hepático, y por este trastorno equivocadamente diagnosticado vamos a morir en pocos años.
El organismo entra, entonces, en un proceso de auto destrucción, aparejado con la presencia de una serie de enfermedades degenerativas que han llegado a ser una norma en el hombre moderno. La primera señal es la obesidad, mas las otras enfermedades que van apareciendo con el tiempo. Este deterioro es tan persistente que en un lapso de unos 30 años la persona terminará en el cementerio con una enfermedad degenerativa irreversible. 
Cuando el Hígado cambia de procedimiento químico todas nuestras funciones orgánicas se deterioran y entramos en una autodestrucción ya que nos priva de la hormona T3 que estimula el metabolismo, el crecimiento y el desarrollo.
Al deteriorarse el metabolismo por el deficiente aporte que brinda la hormona T3R, nuestros intercambios bioquímicos  se darán en forma mediocre, nuestras células trabajarán  en forma deficiente, los procesos de reparación se entorpecerán, y todo el edificio bioquímico de nuestro cuerpo trabajará con severos cambios involutivos de los fenómenos vitales; entramos en un verdadero  hipotiroidismo químico (no glandular),  pues, repetimos, la tiroides se encuentra sana y no participa en la tragedia..
Todo lo que se ha producido es un hipotiroidismo químico, no glandular, pero la medicina convencional lo trata como si hubiese ocurrido un daño glandular de la tiroides. 
El primer síntoma de la falta de T3 es el cansancio, por lo cual nos atrevemos a afirmar que el hígado nos priva de la T3 para obligarnos a descansar.
Es preciso señalar, que en las épocas primitivas, este reposo era beneficioso para el hombre de las cavernas, pues le permitían tomarse un momento de descanso  hasta esperar mejores tiempos (primavera). 
Pero, ahora, las cosas son diferentes, ya no hibernamos. Ahora invernamos pero trabajando. Y cuando no trabajamos la medicina convencional nos recomienda que  hay que hacer ejercicios para obtener salud.
Esto es un contrasentido de las leyes de la fisiología, pues la lógica simple nos indica que hay que descansar hasta que vengan mejores tiempos.
No, ¡eso no se puede!,  dicen. Tenemos que movernos. Necesitamos salud.

EL HIGADO ES EL VILLANO y DEPREDADOR. 

Ahora ya tenemos el panorama completo, que nos permite comprender los fenómenos de la salud y de la enfermedad.
Con ello podemos establecer la frontera que divide la salud y la enfermedad.
Ya tenemos identificado al “villano”: Es el hígado!!! 
Es el hígado el que finalmente “nos mata”, es él quien reemplazó al felino y el que no nos permite pasar de los 60 años, es el depurador de nuestra especie, es él que dicta su sentencia de muerte que será cumplida inexorablemente por cualquier otro órgano con una enfermedad que nos llevará a la muerte. Pero esto es difícil de admitir porque no hemos podido sacudirnos de los dictámenes dogmáticos de la medicina convencional.
Es una pena que este “villano”  nos siga matando, y nos mate tan mal. Su trabajo depurador  es a todas luces completamente deficiente, porque lo hace en una misión de varios años, haciéndonos sufrir inmisericordemente, con la complicidad de varias enfermedades degenerativas.
La naturaleza decreta el extermino a través del  hígado, signando al hombre con el Síndrome de Enfermedad Eutiroidea (SEE),  que termina víctima de alguna enfermedad degenerativa, como el cáncer.
Otro mecanismo, no menos importante, que utiliza el hígado para complementar su sentencia de muerte es aquel mediante el cual deja de producir la coenzima Q10 (CoQ10).
Es la falla de esta alquimia interna del hígado la que determina porqué algunas personas tienen deficiencia de energía particularmente en los ancianos y es la que resalta la importancia de tener un hígado sano y en pleno funcionamiento.
Infórmate más sobre la CoQ10.

QUE HACER. 

Primero: Si hemos entendido claramente que el origen de todo está en la mala nutrición, no será difícil deducir que lo primero  que hay que hacer para corregir el problema es cambiar los hábitos alimenticios adoptanto una dieta alcalinizante. Dentro de esto cabe que le demos importancia al consumo de agua de calidad para el organismo (agua alcalina). Dejar de consumir carbohidratos de absorción rápida (azúcar, o cualquier otro alimento que contenga estos hidrocarbonados).
Segundo: Habituarnos a comer puntualmente cinco (5) veces al día, consejo con el que debemos ser muy disciplinados, por cuanto la mayoría de nosotros nos olvidamos de tenerlo en cuenta. Hay que comer religiosamente  un pasabocas a las 10 a.m. y otro a las 4 p.m. Para cumplir con esta indicación nos bastará comer un  guineo o cualquier fruta..
Tercero :Tomar una tableta de T3 normal (Triyodotironina) con lo cual estaríamos  protegiendo a las células para que  nuestra vida continúe, y de esta manera el hígado no nos “declare”  su sentencia de muerte.
Suministrarle al organismo suplementos de CoQ10. 

TRATAMIENTO.

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El tratamiento para una persona EUTIROIDEA  lo podemos comparar con la reparación de una casa que se encuentra deteriorada.
Para reparar a esa casa (paciente) en forma adecuada debemos contar con obreros (células), con los materiales apropiados (alimento) y con un buen capataz que dirija la reparacion (Triyodotironina).
Al igual que en la tarea de reparar la casa, en el tratamiento se pueden presentar tres (3) escenarios distintos:
PRIMER ESCENARIO: Es el escenario que se presenta cuando decidimos tomar triyodotironina pero sin cambiar los malos hábitos alimenticios . 
En estas circunstancias el capataz (la triyodotironina) haría exigencias e imposiciones a los obreros (células) al no ver resultados por la evidente falta de materiales, lo cual obligará a los obreros (células) a hacer un mayor esfuerzo para lograr la reparación de la casa. Pero a pesar de ello, los obreros (células) harán un trabajo mediocre, o muy malo, debido a que no disponen de los materiales (alimentos) para hacer los ladrillos.
Bajo estas condiciones precarias, vemos que la casa no se puede reconstruir, y al contrario, se daña más.
SEGUNDO ESCENARIO: Se da cuando el paciente con el Síndrome de Enfermedad Eutiroidea,  toma los nutrientes pero no dispone de la Triyodotironina.
En estas circunstancias, no contamos con la dirección inteligente ni la motivación de la persona que dirija el trabajo, no contamos con el capataz (triyodotironina).
Por este motivo la casa (el cuerpo) no va a ser  reconstruida apropiadamente, por lo que volvemos a fallar en este segundo intento.
TERCER ESCENARIO: Se trata de un caso manejado apropiadamente.  Tenemos todos los elementos necesarios para realizar el trabajo, pues disponemos del capataz (liotironina), de los obreros (células), y de los materiales con los que se elaboran los ladrillos (nutrientes).
En estas circunstancias, el capataz (triyodotironina) guiará con inteligencia el ritmo a seguir para que el trabajo se haga armónicamente y coordinado. Así los obreros (células) trabajarán con orden y concierto en sus tareas, ya que disponen  del material necesario ( nutrientes) para hacer los ladrillos (proteínas y enzimas) con los que se  podrá reconstruir apropiadamente la casa.
Este escenario es el lógico. Se cuenta con el alimento adecuado, condición en la que la presencia de la T3 resulta del todo necesaria para realizar la reconstrucción del individuo enfermo, sin preocuparnos en absoluto del funcionamiento de la glándula tiroides, en vista de que no habrá retrocontrol  debido al requerimiento del organismo por la triyodotironina.

A MANERA DE CONCLUSION. 

  • La mala calidad de los alimentos que consumimos acidifican al organismo.
  • El cuerpo consume hasta las reservas de sus sales, minerales y nutrientes para neutrizar la acidez general y esto genera desnutrición.
  • La desnutrición obliga al hígado a hacer un paro en dos actividades químicas importantes: la producción de T3 y de CoQ10.
  • Antes de enfermarnos nos desnutrimos y es en ese prematuro momento cuando el hígado nos sentencia a una  muerte a largo plazo.
  • Entre la sentencia a muerte y la muerte misma media un largo tiempo de sufrimientos y enfermedades.


IMPORTANTE: ESTA INFORMACIÓN NO ES, NI SUSTITUYE EN NINGÚN CASO LA CONSULTA, TRATAMIENTO O DIAGNÓSTICO DEL PROFESIONAL DE LA SALUD COMPETENTE


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